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PULSERAS A CAMBIO DE VIDAS
EL PROYECTO SALVAVIDAS EN ALAVA.

¿Qué coste económico puede tener para una empresa, club deportivo o restaurante convertirse en una entidad cardioprotegida? Desde que a comienzos de este año el Proyecto Salvavidas echase a andar en el Estado, ninguno. Esta iniciativa social, impulsada por profesionales y entidades relacionadas con el mundo de la cardioprotección, pretende facilitar la adquisición de desfibriladores y un mínimo de formación en Soporte Vital Básico a las entidades que lo deseen para hacer todavía más evitables las muertes súbitas. ¿Cuál es la clave? Adelantar a los interesados todo el material y posibilitarles autofinanciarlo y pagarlo con posterioridad. Por el momento, dos colegios de Gasteiz, Sagrado Corazón y Samaniego, la empresa RPK y el Ayuntamiento de Kuartango han incorporado desfibriladores a sus instalaciones gracias al Proyecto Salvavidas y han formado a su personal en el uso de estos aparatos. Ya son espacios cardioprotegidos.

Rubén Campo, director general del Proyecto Salvavidas, pone voz al espíritu de esta iniciativa. "Nace por una situación que hay en España, la falta de desfibriladores semiautomáticos en lugares públicos y empresas. También, por la carencia de formación en primeros auxilios para personal no sanitario", relata. Tal es la falta de máquinas que Campo calcula que "para estar al nivel europeo, de países como Francia que tienen desfibriladores incluso en sus calles, deberían entrar en el Estado entre 100.000 y 150.000 aparatos más".

Para integrarse en esta cadena de vida, las empresas, clubes o instituciones que contactan con el Proyecto Salvavidas reciben un desfibrilador y la formación de las personas que vayan a hacer uso de él de una forma homologada y actualizada, junto con un pack compuesto por varias pulseras diseñadas por Kukuxumusu cuya venta sigue para amortizar la compra. En función del pack salvavidas que se quiera adquirir, la entidad interesada recibirá más o menos pulseras. Cada una cuesta tres euros. De esta forma, reciben 50 para la compra más básica -un botiquín-, 400 para el desfibrilador más sencillo -con bolsa de transporte, parches y baterías- y 600 para el desfibrilador con ayuda a la Reanimación Cardiopulmonar, el más avanzado y con un precio de mercado de 1.800 euros.

De esta forma, "cualquier ente, por pequeño que sea, puede disponer de equipos y formación, que son un bien público", ilustra Campo. El profesional recuerda que, estadísticamente, está comprobado que hay más personas que fallecen debido a paros cardicacos que por incendios y, sin embargo, nadie se cuestiona la obligatoriedad de contar con uno o varios extintores en los espacios públicos. Maite San Saturnino, secretaria de la asociación de enfermos cardiovasculares de Álava, Bihotz Bizi, anima a las instituciones a tomar conciencia sobre esta problemática y a realizar campañas de concienciación sobre la necesidad de multiplicar el parque de desfibriladores. "Debería haber en todos los espacios públicos", advierte.

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Proyecto Salvavidas

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