Cristian murió porque los médicos se negaron a atenderle y el desfibrilador estaba fuera de uso, el Ayuntamiento de Corral se niega a responder por ello

La madre del joven que murió por negarse los médicos del pueblo a atenderle y por estar fuera de uso el desfibrilador del pabellón inicia una campaña de recogida de firmas en Change.org para pedir justicia para la muerte, “evitable”, de su hijo, de 21 años

 Cristian, de 21 años, falleció de muerte súbita en el polideportivo municipal en enero de 2018, ante la ausencia de dos elementos que hubieran podido salvarle la vida: los médicos del centro de salud, que se negaron a ir, y el desfibrilador del pabellón, encerrado en ese momento en una sala inaccesible, fuera del servicio.

 El ayuntamiento había adquirido cinco desfibriladores, pero el del polideportivo estaba ese día encerrado en una sala bajo llave, y el encargado del pabellón ni siquiera estaba presente, había dejado a cargo a un amigo. Cuando Cristian se desplomó, fue avisado y se presentó, pero fue incapaz de utilizar el desfibrilador.

 El atestado policial recoge lo siguiente: “según los amigos del fallecido, uno de los sanitarios de la ambulancia les recriminó que no hubieran hecho algo más por el herido, haciendo referencia a que en el Pabellón Cubierto existe un desfibrilador, el cual quizás se podría haber utilizado”. En cualquier caso, ningún funcionario municipal estaba formado en el uso del desfibrilador. Además, el aparato llevaba en el pabellón nada menos que medio año, sin ningún tipo de revisión ni mantenimiento.

 La desfibrilación en los primeros 3-5 minutos tras el paro cardíaco puede conseguir unas tasas de supervivencia de entre el 50% y el 80%. Es inadmisible que dispongan de un desfibrilador pero en estas condiciones, debería ser accesible a todo el mundo en caso de emergencia, además de contar con el mantenimiento pertinente, debería de haber gente formada para su uso; “es como tener un coche pero no saber conducir”.

 Al caer Cristian al suelo mientras jugaba un partido de fútbol, sus amigos llamaron al 112. Para su sorpresa, los facultativos allí presentes dicen que no pueden abandonar el lugar. Lo que da de resultado a Cristian en parada cardiorespiratoria por casi 30 minutos. “Cada minuto de retraso en la desfibrilación, se reduce la posibilidad de supervivencia entre un 1’% y un 15%, con los consiguientes daños cerebrales irreversibles”.

 Finalmente, al llegar los médicos del 112 al lugar, deciden ponerle una inyección de adrenalina que le devuelve el pulso, pero Cristian sufre varias paradas durante su traslado en helicóptero a Toledo de urgencia, y muere.

 Milagros, su madre, hundida tras la pérdida de su hijo, sabe que la Justicia no se lo va a devolver, “pero por lo menos que se responsabilicen, ¿no?”.

 El Ayuntamiento podría negarse a indemnizar a la familia puesto que no hay legislación en Castilla La Mancha que obligue a tener en funcionamiento un desfibrilador en espacios públicos deportivos.


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